Reforma de fachada

Retomo mi blog nuevamente. Parece que estoy condenado a hacerlo compulsivamente, por pulsaciones, por crisis o brotes, no se.

Igual, lo he retomado y reformado, el aspecto, la estética, todo ha cambiado. Ahora le he incorporado secciones, para fotos y poesía propia…ya he dejado atrás la timidez, o así al menos lo creo.

Espero que funcione, que se deje leer y que no guste, pero que atraiga. Ustedes dirán. Por los momentos, lo paso bien, una de mis metas.

Templos de culto

Hola, Feliz Navidad a todos:

Por fin volví! Después de este largo alejamiento de los Blogs, me parece buena idea retomar un poco lo que había comenzado a hacer.

Quería comentar lo que sugiere el título de este post. Mientras estaba con las -ya muy conocidas- ajetreadas compras navideñas, llegué a la conclusión de que hemos cambiado los templos religiosos (los que sean) por los nuevos templos: los centros comerciales y los mall (a que todos ya lo sabían!).

Los villancicos, canciones navideñas y música sacra se dejaron de escuchar en la iglesias y catedrales, y ahora “decoran” los nuevos centros de culto.

Había acudido a la Catedral de Barcelona, pude ver entre fieles que iban a una escasa misa, a los padres llevando a los hijos para ver las ocas de la fuente, en el jardín del claustro, mezclados con turistas franceses o alemanes haciendo fotografías, mientras un guardia les repetía que no usaran flash, un mercado persa!

Cuando fui a una de esas hipertiendas para una compra a última hora, entre mensaje y mensaje sobre las bondades de sus productos y la empresa, se lograba escuchar fragmentos aislados e interrumpidos de algún villancico navideño.

Así estamos.

Silencio

Uno de mis poemas favoritos, del venezolano Andrés Eloy Blanco (Cumaná 1896, México 1955) es “Silencio”. Sobre este poema se inspiro una canción, cantada por el dúo Gina y Agni (1983), y que incluye un fragmento declamado por el mismo poeta, con su voz.

Se que a algunos les podría parecer algo empalagoso…. poco me importa. Es uno de mis poemas favoritos, y eso no cambiará. Me arruga el corazón y humedece los párpados, está lleno de ternura y de eternidad. Es sencillo, sin rebuscamientos y muy profundo.

SILENCIO

Cuando tú te quedes muda,
cuando yo me quede ciego,
nos quedarán las manos
y el silencio.

Cuando tú te pongas vieja,
cuando yo me ponga viejo,
nos quedarán los labios
y el silencio.

Cuando tú te quedes muerta,
cuando yo me quede muerto,
tendrán que enterrarnos juntos
y en silencio;

y cuando tú resucites,
cuando yo viva de nuevo,
nos volveremos a amar
en silencio;

y cuando todo se acabe
por siempre en el universo,
será un silencio de amor
el silencio.

Andres Eloy Blanco

Dos Rios…una justificación

Había escogido “Entre dos Rios” como nombre para mi bitácora, pero no recuerdo haberme explicado en ello. Nací entre dos rios, entre el ancho Orinoco y el rápido Caroní, en una franja a lo largo de la cual discurren casi paralelamente, hasta que el Caroní gira prácticamente en ángulo de 90º para entrar en el Orinoco, casi sin pedir permiso, tiñéndolo, mas sin mezclarse.

Nací en Puerto Ordaz, fusionada posteriormente con la vieja San Félix para formar una sola y curiosa población: Ciudad Guayana, la ciudad del acero, la Zona del Hierro. Pero heme aquí, en la vieja Barcelona, entre dos rios nuevamente, el Llobregat y el Besòs, delgados y mansos hilos de plata que casi no se hacen notar, sino fuera por los puentes y las construcciones que -evitándolos- dejan una peculiar huella serpentina de urbanas calles y cemento.

Así fue al principio, cuando la palabra tomó forma y moría en la escritura para renacer en el ojo del lector. Entre dos Rios, eso era lo que significaba: Mesopotamia, entre el Eufrates y el Tigris. Cuna de las primeras letras en barro.

Mis ausencias

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La esquina

¿Quién va allí?


Grosero, hambriento, místico, desnudo… ¡quién es aquél?
¿No es extraño que yo saque mis fuerzas de la carne del buey?
Pero ¿qué es el hombre en realidad?
¿Qué soy yo?
¿Qué eres tú?

Cuanto yo señale como mío,
Debes tú señalarlo como tuyo,
Porque si no pierdes el tiempo escuchando mis palabras.
Cuando el tiempo pasa vacío y la tierra no es mas que cieno y podredumbre,
no me puedo parar a llorar.
Los gemidos y las plegarias adobadas con polvo para los inválidos;
y la conformidad para los parientes lejanos.
Yo no me someto.
Dentro y fuera de mi casa me pongo el sombrero como me da la gana.

¿Por qué he de rezar?
¿Por qué he de inclinarme y suplicar?

Después de escudriñar en los estratos,
después de consultar a los sabios,
de analizar y precisar
y de calcular atentamente,
he visto que lo mejor de mi ser está agarrado de mis huesos.

Soy fuerte y sano.
Por mi fluyen sin cesar todas las cosas del universo.
Todo se ha escrito para mi.
y yo tengo que descifrar el significado oculto de las escrituras.

Soy inmortal.
Sé que la órbita que escribo no puede medirse con el compás de un carpintero,
y que no desapareceré como el círculo de fuego que traza un niño en la noche con un carbón encendido.
Soy sagrado.
Y no torturo mi espíritu ni para defenderme ni para que me comprendan.
Las leyes elementales no piden perdón.
(Y, después de todo, no soy mas orgulloso que los cimientos desde los
cuales se levanta mi casa.)

Así como soy existo. ¡Miradme!
Esto es bastante.
Si nadie me ve, no me importa,
y si todos me ven, no me importa tampoco.
Un mundo me ve,
el mas grande de todos los mundos: Yo.
Si llego a mi destino ahora mismo,
lo aceptaré con alegría,
y si no llego hasta que transcurran diez millones de siglos, esperaré…
esperaré alegremente también.
Mi pie está empotrado y enraizado sobre granito
y me río de lo que tu llamas disolución
por que conozco la amplitud del tiempo.

Walt Whitman (Traducción de León Felipe)

Me alegra contar con Whitman. Con el puedo evitar el malestar que me causa justificar mi ausencia en esta bitácora. No es una excusa, no siento la necesidad de excusarme. Pero trataré de ser más rítmico y menos cíclico.

Jose Antonio Delgado -el Indio-

Estaba recordando las proezas de este venezolano, haber conquistado 5 grandes cumbres, incluyendo el Everest. Es el único venezolano que lo ha hecho.

http://nangaparbat2006.explorart.com/

Decidí incluirlo en mi lista de iconografía venezolana, ya saben, la lista de esas cosas que no debes olvidar nunca, que te hacen y te dan substancia. Ahora lo agregué. Así espero le quede a mis hijos, a quienes debo explicar de donde vienen, lo que son y por que canta la chicharra en marzo. Les contare del Indio, el único de nosotros que hizo algo asi. Que su nombre nunca sea olvidado, y se inscriba en el corazón de cada uno.

Logos y Marcas

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Esta mañana fuimos de compras, o mejor dicho, acompañé a mi esposa a comprar (que no es exactamente los mismo), y recordé aquello sobre lo cual había estado reflexionando un tiempo atrás. Antiguamente, un hábil artesano fabricaba un objeto utilitario, una vestimenta, un artilugio para la cocina, un par de zapatos…lo que fuera, pero lo hacía anonimamente. El artesano no firmaba su obra, probablemente como máximo, hallarías una marca en algún rincón escondido en la pieza.
Hoy es todo tan distinto, los artesanos dejaron de existir y se llaman ahora «artistas», o en su defecto «diseñadores», y no solo se conforman con colocar su firma, marca o logo bien visible, sino que incluso te cobran para que les hagas publicidad exhibiendo su pieza en una bolsa con el mismo logo (para estar seguros de que se vea cuando salgas de la tienda).
Curioso mundo, antes pagabas por algo que necesitabas, y ahora pagas por un «nombre» y le haces publicidad sin cobrar….peor aún….debes pagar más si la marca es conocida, aún cuando tu ayudes a hacerla más conocida….¿paradójico?…en absoluto.
Este proceso se retroalimenta hasta dejar al consumidor o usuario como un anexo apéndice innecesario, tan solo útil para llevar la tarjeta y firmar el papelito que sale del punto de venta. Lo que importa realmente es «la marca», ya ni siquiera el artista o diseñador, ya que se pueden intercambiar, y si esto último no me lo crees, pregunta quienes son los grandes diseñadores de moda…..ufffff!!!!….la mayoría ya están muertos, y detrás de «la marca» están otros nombres.

Grandes Veleros

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Una pequeña pasión heredada. Siendo hijo de un puerto fluvial, aprendes a vivir con el agua cerca, aún cuando la ciudad le de la espalda al rio. Y siendo hijo de un porteño, nacido en un puerto del norte de Alemania, testigo excepcional de muelles repletos de mástiles, no quedaba otra que aprender a querer las velas.

Lo curioso es que no he sido un navegante empedernido. Mucho menos a bordo de un velero (una sola vez). Pero cuando haz sido testigo mudo de una partida a todo “trapo”*, bajo una pertinaz llovizna, de uno de estos mitológicos dinosaurios alados, sin el ruido del motor, solo el viento de popa, acabas amando aquello de una manera singular. Es como ver a seres de ficción, dragones, volar frente a tus ojos. Quedas congelado disfrutandolo con todos los sentidos.

Mis favoritos: por origen el «Gorch Fock»; por nacimiento el «Simón Bolívar» y por residencia (y adopción), el magnífico «Juan Sebastián el Cano»…….disfruten las imágenes, y disculpen los autores si no tengo sus datos para los créditos.

gorch-fock-2.jpg

Simón Bol�var

Juan Sebastian El Cano

Sentirse con vida

Tenía mucho tiempo sin postear, pero no es tan grave. En ese tiempo viví unas escenas de la cotidianidad que me han permitido sentir la vida con una intensidad distinta, más reflexiva y a la vez más vívida. En ocasiones sentí estar en postales que alguna vez llegué a ver, en escenarios que alguna vez (estupidamente) envidié, en tierras distantes pero a la vez tan intensas que crees poder palpar el aire, rozar una nube con tu mirada y sentir la luz en tu cara descubierta.
La experiencia del desarraigo, la llegada, hallar tu lugar en el mundo, son emociones distintas, y me han brindado la oportunidad de aprender, no solo aprender de esta nueva-vieja tierra mediterránea, aprender de mí mismo, aprender a apreciar esos pequeños detalles que la naturaleza te brinda gratis. Ha sido un abrir los ojos lentamente, volver a ser un niño y descubrir (o redescubrir) aquello a lo cual le habías dado la espalda en algún momento.
Hace dos días caminé por la Plaza Soller, mitad tierra con árboles y par de parques infantiles, con laguna artificial y patos migratorios incluidos y, mitad cemento y plaza de juego, para la pelota, la bici . . . lo que sea. Venía de buscar periódico después de dejar a mi pequeñin en su cole, atravesaba en diagonal de punta a punta el parque, y observé a las palomas de siempre, las sobrealimentadas palomas urbanas de Barcelona, una bandada mimada por los vecinos generosos en migas de pan, cuando repentinamente alzaron vuelo en maniobra razante, a pocos metros del suelo, al unísono, y sobrevolándome hasta llegar a su punto de partida original. Segundos después repetían la maniobra, esta vez les atravesaba con mi cuerpo su vuelo, pasaban rozándome casi, sin error, sin chocar, con ese sordo sonido del batir de alas y plumas de un centenar de aves coordinadas, realizando piruetas y giros fantásticos. Nunca me había ocurrido esto, no sabía lo que era ser un bulto a evitar en el vuelo de una bandada de aves, nunca había escuchado ese batir de alas.
Me quedé ahí por varios minutos, repitiendo la experiencia un par de veces más, les agradecí y continué con mi camino. Parece tonto, pero sentí lo que un niño siente con una nueva experiencia, y me quedé maravillado, sin importar si a mis cuarenta y cuatro años hiciera el ridículo. Es necesario aprender a hacer el ridículo nuevamente. Se hace necesario romper con algunas ataduras, con algunos cliches y posturas sin vida.
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